Nos han dicho miles de veces que no hay forma de organización posible distinta a la del Estado y el capitalismo. Nos han negado hasta el aburrimiento la posibilidad de una organización social radicalmente novedosa. Pero esto no es más que una falacia que no pueden sostener con argumentos. ¿O acaso habría podido alguien en el siglo XVIII defender, con argumentos, que no había otro sistema mejor que la monarquía absoluta? Existía alternativa entonces y existe también ahora. Quienes están en la cima del sistema político y económico han actuado como si no la hubiera; y ahora intentan convencernos de que las soluciones a los problemas que ellxs mismos crearon también la tienen ellxs. Las soluciones, ¿cómo no?, son las de siempre: privatizar los beneficios y socializar las pérdidas económicas que pagamos todxs aquellxs que no nos enriquecimos con la especulación durante todos estos años de “bonanza”; época que, por otra parte, a lxs trabajadorxs y estudiantes no nos ha supuesto más que pérdidas en calidad de vida, al juntarse las reformas cada vez más agresivas y salarios cada vez más bajos con la subida del precio de la vivienda.
Si del Estado y el capital dependiera, no tendríamos derecho alguno, trabajaríamos trece horas al día (desde la UE ya se intentó imponernos eso), sin derechos ni jubilaciones mientras tuviéramos una vida útil como mano de obra, como nuestrxs antepasadxs lo hacían cuando se vieron obligadxs a defender la jornada de ocho horas, porque se trabajaban doce o más. Fue precisamente por defender esta reducción de jornada laboral por lo que se ejecutó a cinco anarquistas en Chicago en 1886 acusados de falsos crímenes, siendo éste el origen del 1 de mayo como día del trabajador. Fue precisamente la jornada laboral de ocho horas diarias máximas una de las primeras exigencias y conquistas laborales. Conquista implantada en nuestro país gracias al sindicalismo revolucionario español de corte anarcosindicalista y libertario, todo hay que decirlo, al igual que muchas de las conquistas que tenemos actualmente y que perdemos poco a poco.
Nuestra propuesta es el rechazo de la democracia parlamentaria, ésa que se basa en la delegación de tu capacidad de decisión y responsabilidad a través del sufragio, la ficción de la representación, la irrevocabilidad de los cargos, la privatización de la capacidad de decisión y el principio de la mayoría. Defendemos la democracia directa, una forma de decisión e implicación personal sin partidos y sin jerarquías, y que obligatoriamente debe ser frontalmente opuesta a una democracia parlamentaria que exige la disolución del individuo y de la personalidad, y sólo la tiene en cuenta en relación al partido y a la masa donde el individuo se diluye. Defendemos la abstención activa contra las urnas y contra los partidos políticos, a quienes sólo alguien demasiado inocente les podría confiar sus esperanzas. Defendemos una propuesta de organización social basada en la asamblea y la acción directa auto-organizada de todxs lxs trabajadorxs, sin intermediarixs ni partidos políticos.
Sólo podemos crear una sociedad mejor generando voluntad popular de forma que seamos todxs nosotrxs quienes luchemos por nuestra dignidad, hasta alcanzar la verdadera libertad. Y la libertad solo puede conseguirse practicándola de forma cotidiana y acostumbrándonos a la responsabilidad que exige. Sólo mediante la autoorganización y autogestión de lxs trabajadorxs, paradxs y estudiantes frente al Estado y el Capital, podremos crear la regeneración social, cultural y ética que exige nuestra alternativa.
Otro mundo es posible, y necesario. Que el 1 de mayo sirva para recordar e imitar a quienes murieron por intentar crearlo. Que no lo conviertan en "el día del trabajo", ni en otro día de fiesta carente de sentido.








